miércoles, 4 de febrero de 2015

La Foto



Esta foto es de un verano de hace unos 25 años. Cuando los veranos eran veranos de verdad.
Estamos en La Manga del  Mar Menor, en una barquita de pedales, mis hermanas mi madre y mi padre, que está haciendo la foto en el agua, que imagino que no cubría, porque si no menudo atleta estaba hecho. 

Mis hermanas están muy morenas, por lo que imagino que sería el final de las vacaciones.  Recuerdo que me fascinaban sus bañadores coloridos y sus pelados a la moda. Están guapísimas, la verdad.
A mi madre se le ve relajada. Ella es, la que más se merece las vacaciones, está morena también y lleva un turbante en el pelo, que le da un aire de jequesa de Qatar.

Mi padre está contento, e intenta encuadrar la foto sin cortarnos las cabezas, como suele hacer. Después, probablemente, se fue al chiringuito a echarse una caña y leer el periódico.

Recuerdo como, esas vacaciones, pasaron avionetas de RNE y tiraban a modo de bombas amarillas, el chisme ese que llevo colgado en el cuello que tan de moda estaba en las playas esos veranos. Ahí guardaba mis dinerillos, conchas, piedras y demás frikadas a modo del tesoro del verano. No me quité el chisme ni un segundo en todas las vacaciones…

Todo mi universo de niña escuchimizada  en un trozo del mar menor. Todo lo importante para mí elevado a la categoría de vacaciones; sol, playa, chiringuitos, paletas de tenis, bikinis de palmeras, noches de helados por el paseo marítimo todos juntos. Apartamentos setenteros con camas plegables, pescaito frito, excursiones, la juventud de mis padres y la nuestra.

El corazón me late fuerte  cuando miro esta foto. Me hace gracia mi tipo, soy desde luego la más feliz  de la foto porque no echaba en falta nada ni nadie en ese momento, lo tenía todo allí. No como mis hermanas que tendrían media mente en sus amoríos y cosas de adolescentes. Ser la pequeña hacía que todo fuera muy grande para mí.

Eran quince días al año, todos los veranos los que cogíamos los bártulos y los metíamos a presión en el Renault 9 blanco con destino a la playa. Quince días de achicharrarnos en la arena, de añadir pecas a mi cara y de tragar agua salada,,  de pescar cangrejos, de hacerte amigos de veraneo y de olvidarte del resto de mundo…

Ahora la miro y puedo reconocer la expresión de cada una de nosotras e incluso la de mi padre, que no sale pero está. Conservamos la esencia. Yo sigo atrapada en ese cuerpo, no quiero crecer, no quiero bajarme. Cuando la vida me trae nubes oscuras, me subo a esta barca de pedales  y ya no hay miedo, pues estamos todos juntos y el agua nunca, nunca, nunca, por mucho que nos alejemos de la orilla, llegará a cubrir.

martes, 27 de enero de 2015

Suertes Varias (III)


Todos los jueves, después de comer mi tupper , me dirijo a la administración de loterías de la calle Zurbano para echar la primitiva y mientras  relleno las 6 casillas empiezo a fantasear. ¿Qué haría si me tocara el bote de esta semana…? Por orden cronológico creo que haría algo así.

1.       Volver a mi trabajo a las 15:00 en punto. Hablar con mi jefe, darle un abrazo de osete, agradecerle por todo y de corazón y decirle que si necesitan cualquier cosa, pues que ya conmigo no cuenten. A no ser que sea para un sarao o algo así.
2.       Llamar a mi familia y amigos más cercanos para ir preparando un buen fiestón.
3.       Acto seguido pillarme una buena “tajá” en buena compañía. Que ya sabe “Celebrar es de sabios”.
4.       Cuando se me haya pasado el chispazo, empezar a buscar a un buen gestor y a un buen psicólogo para evitar que me vaya mucho la cabeza.
5.       Liberar a mis hermanas de esa cárcel de la modernidad llamada Hipoteca y así puedan ser más libres.
6.       Contratar un crucero para irme con toda mi familia. Y hacer la conga con ellos todas las noches.
7.       A mis padres todo lo que quieran porque no hay dinero ni nada en el mundo que pueda compensar todo lo que ellos me han dado.
8.       Me encantaría construir una residencia para ancianos sin recursos ni familia. Y contrataría a la mejor gente para que los cuidara.
9.       Me compraría siempre jamones de pata negra. Porque es que me gusta muchísimo.
10.   Y creo que seguiría viviendo en mi piso alquilado porque tener cosas propias me da mucho vértigo.
11. A mis mejores amigos les regalaría viajes, o masters, cenorras… o cosas así que son las que más felices hacen. Que nadie me pida cosas ostentosas, que no me gustan ni me van a gustar jamás.
12.   Seguiría aprendiendo. Haciendo mil cursos de fotografía, de escritura, intentaría ver todo ese mundo que veo tan imposible conocer. E intentaría seguir siendo viajera, y no turista.
13.   Me compraría un olivar en Génave para arraigarme aún más a la vida y a  las cosas que son  de verdad.Tendría gallinas y hasta hijos, lo mismo muchos. Los que la naturaleza me otorgue en tiempo. 
14. O lo mismo no hago nada de esto y desaparezco tipo  El Dioni.

¿Pero y qué pasaría con la manera que tengo de ver la vida? Seguro que cambiaría, que dejaríamos de valorar las cosas pequeñas como un viaje que preparas durante meses y que disfrutas cada segundo. O salir a cenar a un sitio chulo para conmemorar alguna fecha especial, o la felicidad que uno siente en día de fiesta... Creo que el dinero  en exceso se puede cargar la magia de la vida, o al menos lo que yo considero magia.
Que seré toda la vida una currante mileurista, con trabajos inestables, viviendo en pisos de alquiler, sin coche ni carné y sin conocer lo que es una libreta ahorro.   Pero si hay sueños es porque quedan tantas cosas por hacer siempre, que al final es el motor que te empuja a seguir viviendo. Porque para mí, no hay  suerte más grande que tener vida  y además vivirla.









martes, 20 de enero de 2015

Paco Roca. El Hombre en Pijama.

¿Por qué Paco Roca?








1)      Porque es un ARTISTA que además de contar historias, las dibuja magistralmente. Doble mérito.
2)      Porque es hijo de electricista.
3)      Porque creció con Mortadelo y Filemón y con Tintín, siendo este último el que le hizo amar la aventura y el cómic.
4)      Porque le han puesto una calle, como a todo grande, en Getafe, eso sí…
5)      Porque se ha paseado por las radios de su comunidad, la Valenciana,  con su Tertulia Friki .
6)      Por sus Memorias de un hombre en Pijama.  
7)      Porque no tiene vergüenza en aceptar a que a sus 45 tacos, su madre le sigue llenando tuppers.
8)      Porque ha ganado un Goya y lo peta en los salones de cómic de medio mundo.
9)      Por dibujarse a sí mismo con los ojos saltones.







10)   Pero sobre todo, por atreverse con un tema tan peliagudo como necesario como es LA VEJEZ.
11)   Porque parece un tío supermajete y ver sus obras dibujan una sonrisilla en todo aquel que las contemplan.
12)   Por Arrugas. Por Arrugas. Y  por Arrugas mil veces. 




Fundación Telefónica hasta el 15/02/2015. Madrid. Entrada Gratuíta.




lunes, 12 de enero de 2015

Reflexiones de un gato obeso.


Me llamo Chicho, soy un gato viejuno de 12 años. Y soy obeso. No porque me flipe el pienso de buey,las gambas y los donettes, que me flipan. Soy obeso porque mis dueños tuvieron la desvergüenza de caparme privándome así de cualquier placer gatuno. No conozco hembra y eso me ha hecho ser así, un gato a medio hacer. Un gato-perro, como me dicen en casa, porque por lo visto, cuando era pequeño, me tiraban una bola de papel albal y yo corría para atraparla con mis blancos incisivos y luego devolverla al individuo en cuestión , cosa dicen que hacen mis colegas los canes.
Vivo bien, aunque tengo una hernia por el sobrepeso. Como gambas cuando ellos tienen algo que celebrar, me cepillan el pelaje este tan bonito que tengo, me dejan meterme debajo del brasero cuando arrecía el frío, sin saber que un día puedo salir ardiendo tipo bólido.
Mi familia dice que no soy un gato normal, quizá porque mi madre Chicha, que en paz descanse, no pudo darme teta y fueron ellos los que se encargaron de alimentarme a través de una jeringuilla de leche de veterinario.  Eso me habrá hecho ser un gato bueno, no se bufar, lo he intentado enfrentándome a perros vecinos, a gatos de bandas callejeras, juguetes rotos del duro mundo gatuno…pero nada, no hay manera. Por cierto, de mi padre no se sabe mucho, creemos que era negro y gitano, que perdió un ojo en una reyerta gatuna, y que en cuanto vio a mi madre, ( que era bien guapa)  en una de sus escapadas, el flechazo fue mutuo, del idilio salimos 5 gatillos, fui el único superviviente…

He sufrido poco en la vida, no he tenido que marcar territorio porque tengo un patio lleno de macetas con flores para mí solito.  En verano cazo alguna lagartijilla, aunque el arte de la caza tampoco sea lo mío. En realidad lo hago por hobbie.
Pero estoy mayor, duermo mucho y ahora, los pequeños de la casa, que son 4, me putean constantemente. Se suben encima, me tiran del rabo, me persiguen sin parar los pequeños maderfuckers, pero sé que no saben lo que hacen, no como sus abuelos cuando decidieron quitarme las pelotillas sin miramientos.

Yo el mundo humano, lo veo a través de la ventana. Conozco a los vecinos, al panadero, y al cartero. Luego a un rumana que siempre viene de vez en cuando a por un litro de leche. Además, los turistas cuando pasan por mi casa y me ven todo gallardo, desenfundan sus cámaras y me hacen fotos a la vez qué exclaman: ¡Dios Santo qué gataco! Y es que alguno de ellos no se ha visto…. Yo poso con mi lado bueno. Soy  consciente de mi encanto, y me aprovecho, me dejo acariciar y me gusta pensar que soy un gato famosete.

Voy  un poco a mi bola, eso sí es de gato normal. Pero me gusta mi familia, me gusta verlos en sus idas y venidas, como cocinan, como discuten, como se quieren los frikis  y se echan de menos. Me gusta ser gato, darle bocaetes a la abuela en las piernas cuando no lleva medias. Me gusta ponerme panza arriba, para que el abuelo me haga cucamonas con su zapatilla de estar en casa. 

Quiero decirle a mi familia, que aunque no lo demuestre mucho, yo los quiero y me gustaría  pedirles perdón por la vez que pinché una piscinilla de plástico a estrenar porque me dio una pataleta de gato malcriado. Perdón por la cantidad de pelos que suelto.  Por las gambas que he robado a traición y por las macetas que me he cargado. Quiero decirles, que ya les he perdonado, por lo de quitarme mi virilidad y haberme privado de una juventud salvaje y loca,  y por reírse de mí cuando me tunean al ponerme pajaritas en el pescuezo , que a pesar de todo eso, de ser u  gato a medio hacer, herniado y virgen ,estoy orgulloso de llamarme D. Chicho García Díaz.





jueves, 8 de enero de 2015

No era de este planeta



Martín siempre ha sido diferente al resto de la gente. De pequeño, solía escaparse de casa para ir a la residencia de ancianos de su barrio en el Sur de Alpha Librae. Su madre un día, intrigada, decidió seguirle en una de esas escapadas. Esperó pacientemente durante las dos horas que Martin permaneció dentro de la Residencia. ¿Qué haría su hijo, un niño de 7 años, en un mundo hermético de veteranos? Al salir, Martín se ajustó sus enormes gafas y mientras miraba a ambos lados de la carretera para cruzar la avenida, (tal y como le había dicho tantas veces su madre) se ponía torpemente el abrigo que le habían regalado para su cumpleaños. Ella no llegó a averiguar nunca  qué había hecho el pequeño durante todo ese rato y durante tantas tardes…

Martín era miope, buenísimo en matemáticas, un poco patoso jugando al fútbol y montando en bicicleta. Le gustaba leer los cómics que su hermano mayor le prestaba mediante la ceremonia propia de cesión de privilegios otorgados por el Rey feudal a sus vasallos.  Escapaba del mundo a través de las viñetas de Luc Orient y se sentía cómodo invadido por alienígenas mientras imaginaba un mundo mejor en los dibujos de Eddy Pappe. Era el raro de la familia, el raro de la clase, el raro de un mundo más raro todavía…

Pasaron los años y Martín creció atrapado en libros, cómics y discos de jazz que un viejo de la residencia, al que siempre visitaba los domingos, le dejó cuando murió. Creció con el amor de sus padres, con buenos valores, siempre tuvo pocos pero buenos amigos. Era amable, listo como nadie. Tenía un sentido del humor tan fino, que pocos eran los afortunados de tener una mente tan suspicaz de entender al joven Martín.

Tenía buen corazón, era sensato, respetuoso y educado. Podría haber sido lo que quisiera, destacar en todo lo que se hubiera propuesto. Pero decidió vivir en el lado lúcido de la vida, ser un tipo tranquilo, dar amor sin esperar demasiado. En esta vida de locos, donde todos están locos menos él,  Martín podría ser un perdedor.

Lo que nunca podrá saber su madre, es que su pequeño de corazón inmenso, siempre había sido un soñador, y que cuando se escapaba de casa para ir a la Residencia a visitar a los abuelos, el niño sabía que la soledad era el dolor más grande que podía sentir el ser humano. Enseñaba los cómics que le regalaba su hermano a los abuelos, y por un momento les hacía volar entre platillos volantes y superhéroes espaciales . Se sentaba con ellos a ver las noticias. Les acompañaba a la hora de merendar mientras les contaba anécdotas del colegio. Les hacía olvidarse de la muerte por unas horas cada tarde.

Martín podría considerarse un perdedor en este mundo enfermo. Pero es que Martín no era de este planeta...

jueves, 27 de noviembre de 2014

Lo grande de lo pequeño. Personas y personajes.



Madrid y los personajes de mi día a día. La importancia de los que creemos irrelevantes.


El Portero de nuestro piso: Juan. Hijo de portero, nieto de porteros... Le gusta fumar porros y ambientar el bloque con un penetrante olor a marihuana.  Es un buen tío, entrañable. Me gusta mi portero.

Los conductores del 147:  Se creen Niki Lauda bajando por Luchana y a veces tienen mucha "malafollá". Hay uno bajito, o eso parece porque siempre lo veo sentado, con pelo a lo  Anasagasti que siempre me espera cuando me ve en la otra acera de la calle y que me echa una sonrisilla mientras me da los buenos días. No se cómo se llama. Se lo tengo que preguntar.

El Portero de mi trabajo: Se llama Gonzalo, y desde que vi la película "Mientras duermes" que va de un portero psicópata, este hombre me da mucho miedo. Pero bueno, es extremeño y seguro que buena gente.

Mis compis de trabajo: Para las horas que echamos juntos, nos llevamos bastante bien. Nos reímos y compartimos hora de tupper y vamos juntos los jueves a echar la primitiva. Algunos de ellos son buenos amigos y los quiero y todo.

La señora de la limpieza de mi trabajo:  Mercedes se llama. Una señora guapísima. Hemos entablado una bonita amistad, ella me cuida a su manera y se preocupa por mí. La quiero mucho.

Los Funcionarios en general: Ya me conocen, y a veces reconozco, tengo un poco de enchufe y me han salvado el culete más de una vez.. Son amables, en especial los del Registro Mercantil. Frikis pero amables.

El Chino de abajo de casa simpático: Le compramos el pan, que debe ser radioactivo nuclear y seguro que brilla en la oscuridad. Nos llama amigos. Tampoco se como se llama.

El otro chino de abajo de casa, menos simpático: Le compramos hielos y los limones para los gintonics. Este sale ganando...

Los empleados del Supermercado " Rotterdam". Todos muy majos. El pescadero me pide caracoles en temporada, a mi me hace muy feliz. A veces se pelean entre ellos, a veces bromean y todos miran a las mozas erasmus que andan por la tienda... es como el mercado del barrio.

El vecino loco de los perros : Un señor muy gordo mayor que siempre va con sus perretes, y siempre refunfuña en voz alta. 

Nuestro médico de familia: Baldomero. ¡Madre mía qué tío más loco! Te da besos, te dice que te calles coño mientras te osculta. Dos minutos de consulta muy intensos. Parece un viejo rockero Malasañero  y que va a tope de Red Bull. No nos cambiamos de médico. ¡Nos mola nuestro Baldomero!

El cartero metalero:  Dice que le horroriza el uniforme naranja de Correos, no me extraña. Lleva su pelete largo y ese acento inconfundible de Vallecas. Más majete,.. siempre se despide con un : ¡Gracias, tía¡.

Los camareros del Sidi; Bar de toda la vida. Reúne al frikismo del barrio. Allí estamos en la gloria. Nos ponen tapillas y a veces, nos invitan a la penúltima...


Pues así muchos personajes más que me cruzo a diario a los que quiero agradecer su fugaz y cotidiana compañía  haciendo mi vida más fácil y familiar y que poco a poco, van convirtiendo Madrid en mi pequeño universo rural...




lunes, 3 de noviembre de 2014

A CANÇÂO MAIS TRISTE DO MUNDO

No Iba buscando nada triste, nunca lo busco, todo lo contrario. Siempre he tratado de huir de la pena, de todo lo oscuro  e intento compensarlo con la búsqueda de placer en todo lo que vivo. Pero la vida te inunda de paradojas y  siempre viajo a una misma ciudad, a la vieja Lisboa, luminosa, anárquica y decadente, quizá como mi alma a medio construir.
Lisboa, es la ciudad donde vamos los que buscamos el mar, la luz, la vuelta a lo real, los costumbristas crónicos y  universales,  los que huimos del ruido, los que hallamos hogar en sus platos con sabor a océano y los que sin saberlo, necesitamos reconciliarnos con algo, quizá con nuestra saudade, esa que pasamos la vida intentando evitar…

Así, en una de estas, llegué a una tasca de la Alfama una noche de domingo y entre ginjas y quesos, la luz se volvió tenue mientras empezaron a afinar las guitarras y los camareros se apresuraban a servir las mesas antes de que Carolina, bajo la mirada profunda de Amália Rodrígues, rompiera el silencio con su voz quebrada, tan bella y joven y con todo el peso de la nostalgia portuguesa en su mirada. En  el movimiento de sus manos dejaba escapar al mundo todo el dolor y la rabia por lo perdido en las cantinas entre los marineros y los vecinos de la  Mouraria. Con una emoción incontenida y a punto de atragantarme con un trozo de carnaza,  dejé la comida a un lado y decidí abandonarme a las copas de vino y escuchar fados hasta que nos echaran, ya de madrugada…

Del fado es misterioso todo, hasta su origen, o morisco o proveniente de las colonias brasileñas incluso persas, no está claro, pero fue en el siglo XIX cuando se instituiría en los marginales  corazones de las mujeres  y de los marineros que buscaban consuelo en los brazos ajenos y en los acordes de las guitarras portuguesas o cítaras.

El Fado, se pierde en categorías a la vez que se hace rico y universal, (Fado menor, Fado Castiço, Fado  Vadio o Vagabundo, aristócrata, corrido o pintadinho… ) Un mundo de voces, rituales, acordes y letras tan exquisitas como el legado sentimental del país luso.  Aristócratas, prostitutas, marineros, comerciantes….deciden sucumbir al devenir, al Fatum (destino) como el que sucumbe a una muerte dulce de vino de Oporto y se adentra lentamente en el mar.





O Fado nasceu um dia,
quando o vento mal bulia
e o céu o mar prolongava,
na amurada dum veleiro,
no peito dum marinheiro
que, estando triste, cantava,
que, estando triste, cantava.







Yo, que siempre busco lo luminoso, lo alegre de la vida, llegué por casualidad a esta cantina de la Alfama, un domingo de otoño y allí me atrapó el fado y ha abierto una ventana emocional sin retorno. 
Iba buscando la luz de Lisboa, las postales desde sus miradores de azules losetas  y al encontrar la canción más triste del mundo, sin yo buscarla, sino todo lo contrario,  no pude sentir más alegría.